Los años del silencio by Álvaro Arbina

Los años del silencio by Álvaro Arbina

autor:Álvaro Arbina [Arbina, Álvaro]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Histórico
editor: ePubLibre
publicado: 2023-02-01T00:00:00+00:00


34

El retorno del soldado

En el despacho del abogado Vicente San Julián hay fatiga e indignación. Pedro da mil vueltas, airado, respirando con dificultad, tosiendo cada vez que se le amontonan las palabras. Las mentiras del cura han despertado en él una tensión que a Vicente le parecía milagroso pudiera contener.

—¡Estaba en el frente! —exclama el carbonero—. ¡En diciembre estaba en el frente!

Vicente procura calmarle:

—Lo sé, Pedro. Lo sé. Y podemos demostrarlo ante el juez.

—¡Tenemos que mostrar que miente! Si miente en eso, lo hace en todo lo demás.

Pedro tose por la exaltación. Vicente intenta hacerlo entrar en razón.

—Pedro, Pedro, escúcheme.

—¡Qué!

—Hablamos de un sacerdote. No podemos…

—¿Qué es lo que no podemos?

—En el sistema judicial actual un sacerdote goza de ciertos favores. Ya lo sabe. Eso no lo podemos cambiar.

—Ese hombre no representa a Dios.

Pedro respira con dificultad. Está delgado y pálido. Vicente lo mira con preocupación.

—No tiene buen aspecto. Debería descansar.

—¿Descansar? Ese es un lujo que no me puedo permitir.

—Hay algo que debo preguntarle, Pedro. —El abogado valora sus siguientes palabras—. Todos hablan de su condición de… xelebre. Y siento decirle que, ante tanta insistencia, me he visto en la obligación de investigarle. Al parecer, usted sostenía en el pasado y abiertamente una posición un tanto heterodoxa sobre asuntos delicados como la religión y la política.

El carbonero mira con fijeza al abogado.

—Por muy discreto que usted sea, don Vicente, en el fondo es tan republicano como cualquiera de esos cadáveres que aparecen en las cunetas.

Vicente abre los ojos, sorprendido.

—Esas cosas se sienten —añade el carbonero—. Pero qué más da. Qué más da lo que piense usted o lo que piense yo. Ni siquiera sé lo que pienso ya en realidad. La verdad es que me importa un pimiento.

El abogado parece aturdido.

—Usted me aseguró que no entendía de política —dice.

—Una cosa es lo que hiciera hace veinte años. Pero en el ahora la política me la trae al pairo.

El abogado niega con la cabeza.

—Se equivoca, Pedro. El sambenito le cuelga a uno incluso cuando ya está muerto y no puede hacer nada.

Se hace un silencio. El carbonero sopesa lo que acaba de escuchar.

—¿Qué pretende decir?

—Digo que sus posturas juveniles le acompañarán de por vida. En su tesitura actual, este es un hecho relevante. Por eso le pedí sinceridad desde el principio.

El carbonero piensa en las palabras de Vicente. Un temor que llevaba dentro y al que no quería hacer frente ha despertado en su interior.

—¿Cree que mi familia…?

—No lo sé. Pero están siendo miles las sacas y las represalias contra individuos como usted.

Pedro alza la voz.

—¡Pero una cosa soy yo, y otra, mi familia!

Pedro mira a Vicente con los ojos encendidos, el aliento fatigado. Y así pasan los segundos, hasta que ya no puede más y hunde la mirada. Por momentos parece encogerse, cada vez más pequeño.

—¿Por qué se alistó con los requetés? —pregunta el abogado.

—¿Qué?

—Disparó a personas de su misma ideología. Mató a personas que piensan como usted.

—¿De verdad cree usted que importa desde dónde dispara uno? Cuando empieza a morir gente, ya no importa lo que se diga o lo que se piense.



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